"La ciencia del Yoga no ofrece ninguna nueva religión, ofrece una metodología. A través de ella puedes entenderte mejor en todos tus niveles, incluyendo tu bienestar físico, tus acciones, tu proceso mental, emociones y deseos. Además comprenderás cómo te relacionas con el mundo. Esta ciencia crea un puente entre las condiciones internas y externas de la vida. El yoga es una forma de mejorarte a ti mismo, de entender tus estados internos". - Swami Rama

miércoles, 3 de septiembre de 2014

YOGA INTEGRAL - Antonio Blay - part 1

INTRODUCCIÓN

 yogui en niralamba sarvangasana
Es general el interés que despiertan las grandes posibilidades de transformación psicológica y de avance espiritual que encierra cada una de las formas de Yoga, y llenan de entusiasmo a quienes sienten un sincero deseo de superación personal.

Pero, después, quienes estudian un poco más a fondo la materia se dan cuenta de que para dedicarse con fruto a este tipo de prácticas se requiere todo un estilo de vida, un aislamiento del mundo, viviendo en el campo o en un sitio alejado de ruidos y tensiones, y sobre todo la asistencia de un maestro o gurú que guíe paso a paso los ejercicios y vigile el progreso. Entonces brota el desánimo.

Además se piensa que el Yoga es un sistema único, sencillo, o por lo menos unitario. Y que no hay más que seguir las instrucciones dadas en un libro para ir progresando paso a paso hasta llegar al estado de realización espiritual. Después, profundizando un poco en el tema, se descubre que en realidad hay varias formas de Yoga bastante diferentes unas de otras. Y entonces surge la duda, la vacilación, porque uno se siente atraído por todas ellas, pero se da cuenta de que es imposible seguirlas todas y no sabe al fin cuál es la que debe elegir.

Por eso creo que es muy útil y aun necesario hacer lo mismo que practican ya personas muy interesadas en la espiritualidad, tanto en la India como en Occidente, hombres de negocios o de vida muy atareada. De entre los ejercicios y normas del Yoga hacen una selección inteligente y la ordenan de modo que puedan combinar su propia necesidad de vivir dinámico, pendientes del exterior, atendiendo a asuntos concretos y a veces muy complicados que se les presentan, con las prácticas escogidas de adelantamiento y de progreso espiritual. Esto tiene, claro está, la ventaja de que permite compaginar las obligaciones del mundo, es decir, familiares, sociales e incluso vocacionales, con su propio desarrollo espiritual. Pero además la experiencia demuestra que cuando se han elegido bien, las mismas prácticas se convierten en un factor de eficiencia enorme en el rendimiento de esas obligaciones del mundo, lo mismo en las de tipo intelectual, que en las afectivas y otras de la vida diaria.

Este ideal no es sólo una pretensión de personas que aspiran a vivir en un nivel espiritual; hoy día se ha convertido, sobre todo en Occidente, en una necesidad primordial para toda persona un poco consciente. Porque la tensión de la vida moderna y las muchas necesidades a que estamos sujetos nos exigen vivir completamente pendientes del exterior, estar pensando constantemente en buscar soluciones a problemas que se acumulan cada vez con mayor rapidez. Esto produce no sólo una tensión en nuestro cuerpo y en nuestra mente, sino también -y es lo más lamentable de todo- un estado de descentramiento de nosotros mismos. Acabamos por perder la noción de nosotros mismos y nos encontramos absorbidos por este torbellino de actividad. Entonces el hombre se olvida de sí mismo, se ignora, se desconoce. Cuando la persona se aleja de sí, cuando ya no es el centro de sí misma -que eso quiere decir descentrarse-, cualquier cosa es posible, sobre todo cualquier cosa desagradable.

Por ejemplo, es víctima de los vaivenes de todas las cosas a las que vive sometido, surgen problemas graves en sus asuntos profesionales, todo se resiente en esta depresión de su personalidad. Cuando sobrevienen problemas familiares, le duelen más en carne viva. Y no sabe cómo reaccionar, cómo defenderse, cómo salvarse del alud de mordiscos, podríamos decir, o de tensiones que le llueven de todos los lados. El hombre se encuentra indefenso y como resultado, sus facultades se agotan prematuramente. Tiene que hacer un sobreesfuerzo y al final naufraga siempre antes de hora, porque su salud se resiente, y claudica antes de haber llegado al que debería ser el término normal de su vigor físico, porque su mente cada vez tiene mayor confusión y porque pierde esa lucidez de espíritu que es lo único que puede orientarnos y dar un verdadero sentido a la vida.

Por, todas estas y otras razones que podríamos añadir, la práctica seria, asidua, sistemática de unas normas espirituales que nos permitan mantenernos en nuestro centro y polarizados hacia lo que constituye nuestro verdadero objetivo en la vida, se convierten en algo de una necesidad primerísima, que por nada del mundo se debe dejar.

No se ha de argüir, para evadirse de estas prácticas, que uno no tiene tiempo. Es cierto que no tenemos tiempo, pero también lo es que tenemos todo el tiempo. Depende siempre de la valoración que demos a las cosas. La persona que sufre un dolor de muelas muy agudo, de tal modo que no puede aguantar más, siente que lo más urgente, lo más importante para ella en aquel momento es mitigar su dolor de muelas. Para el que está enfermo con fiebre muy alta, todas las obligaciones se desvanecen, y desaparecen porque lo que está viviendo en primer término es su enfermedad, que reclama urgentemente un remedio.

Quiero decir con esto que la afirmación de que no tenemos tiempo depende de que nosotros valoremos nuestra necesidad de acción, de movemos en el mundo como más real, como más importante que nuestra propia realidad espiritual, que nuestro equilibrio y nuestro desarrollo interno. O sea que esta misma objeción es ya un síntoma de estar descentrados. El que está centrado en su realidad se da cuenta de que, por muy importantes y urgentes que sean los asuntos que lleva entre manos, siempre es más importante y siempre es más urgente el ser consciente de su propia realidad espiritual.

Por eso es tan útil que podamos ofrecer en este libro una selección de las prácticas de las diversas formas de Yoga, para que el hombre atareado, el hombre de acción de hoy día pueda integrar en su propia vida dinámica estos ejercicios, de forma que le ayuden no sólo a desenvolverse con más equilibrio en el mundo, sino sobre todo a reencontrarse a sí mismo, a ser dueño de sí, y lo que es más importante, a abrirse a una dimensión espiritual, que al fin y al cabo es la base de toda la vida por la que está luchando. Cuando el hombre se centra y descubre esta realidad espiritual en sí mismo, automáticamente se hace dueño de la situación y puede administrarse sus capacidades intelectuales, aumentando incluso sus intuiciones comerciales y profesionales; en una palabra, todos sus recursos se multiplican, lo que se debe tan sólo a que ha recuperado su verdadero sitio, su lugar dentro del cerco de circunstancias en que vive.

Creo que esta selección de prácticas que hemos escogido será de mucha utilidad para cuantos quieran trabajar en serio en su elevación interior sin dar la espalda al mundo de sus relaciones sociales y actividades profesionales. Encontrarán aquí prácticas que se refieren al nivel físico de la personalidad, al afectivo y al mental. Todas interesan porque no se trata propiamente de desarrollar lo espiritual. En realidad lo espiritual ya está todo desarrollado en sí, pues nuestro ser espiritual es todo él, por definición, luz, conocimiento, poder. Lo que hay que hacer es preparar nuestros mecanismos más elementales, más personales, nuestro cuerpo físico, nuestra actividad, nuestros sentimientos, nuestra mente, de forma que sean aptos para recoger, para recibir y dejar pasar a través de ellos esa luz, esa fuerza espiritual.

Por tanto el Yoga integral, el Yoga completo, cuya práctica pretendemos proponer, ha de incluir siempre estos tres aspectos:

- El cuerpo, para prepararlo a que funcione mejor y sea un instrumento apto tanto para expresarnos en el mundo, como para recibir sus impactos o estímulos.
- Nuestra afectividad, que tiene que purificarse para ser un elemento sensible, afinado, que matice la valoración de las cosas en el sentido de atracción y repulsión, y nos dé el verdadero sabor, el gusto, y diríamos que el impulso dinámico en la acción.
- Y paralelamente nuestra mente porque es la oficina central donde se registran todos los datos, y luego se valoran y se coordinan.
Evidentemente cuanto más preparados estén estos instrumentos, más eficaz será la acción de la persona en todos sentidos.

El Yoga que presentamos en este libro realiza una acción eficaz en este triple aspecto. Por esta razón dedicamos las tres primeras partes respectivamente a la preparación del cuerpo físico, de la afectividad y de la mente conforme al Yoga, y en la cuarta y última ofrecemos en conjunto la aplicación de todas las prácticas y normas del Yoga integrándolas en la vida activa normal de un día cualquiera.

HATHA-YOGA

LA CULTURA DEL NIVEL FÍSICO

 yogui en purna matsyendrasana
Ante todo hemos de ver claro que el cuerpo en sí es todo un tesoro de posibilidades que no siempre desarrollamos, que es susceptible de funcionar mucho mejor de lo que normalmente lo hace, y que además es absolutamente indispensable para poder desenvolvernos en el orden material.

Del mismo modo que cuidamos con gran solicitud las máquinas que necesitamos para nuestra industria, porque nos cuestan mucho dinero y porque sin ellas no podríamos seguir el ritmo necesario de producción, igualmente o más todavía hemos de preocupamos de nuestro cuerpo y cuidarlo, pues es la máquina básica que nos permite movernos y desenvolvernos en el mundo. Sobre este punto hay por desgracia mucha desidia, y una ignorancia y desconocimiento muy graves. Esta ignorancia se va por los dos extremos: hay personas que toman el cuerpo como un mecanismo gracias al cual pueden acumular satisfacciones que les compensan de sinsabores en otros órdenes de la vida, y entonces lo aprovechan para comer o beber con exceso, para usos sexuales abusivos o también para trabajar sin descanso, haciendo sobreesfuerzos exagerados; y encontramos también otro tipo de personas a las que parece que el cuerpo no tiene importancia y que se preocupan sólo de las ideas, viviendo siempre en el mundo de sus pensamientos y olvidadas de tomar contacto con las necesidades de su cuerpo, sin atenderle como es debido; así su cuerpo se desnutre, no por falta de alimentos sino a veces por falta de sustancias básicas para su equilibrio fisiológico.

El Yoga físico, en realidad, comprende toda acción sobre el organismo. Por tanto se refiere no sólo a los ejercicios y prácticas especiales respiratorias, sino también al tipo de alimentos, al modo de comer, de descansar, de andar; a la compostura y actitud física que uno tiene en la vida, etc. Sin que con esto queramos decir que quien practica Yoga físico haya de controlar todo lo que hace el cuerpo, porque tampoco se trata de exagerar en ningún sentido; pero sí que ha de tener una visión un poco clara de lo que conviene en cada caso.

ORIENTACIONES GENERALES

La comida

Hay que tomar alimentación básica completa, que no sea exagerada de ningún modo, ni en cantidad ni en ninguno de sus componentes y que sea sabrosa. Muchos creen que el Yoga requiere austeridad en todo lo que se refiere a la sensación y sensibilidad normales. Esto es completamente falso. Hay que saborear, hay que encontrar gusto en la comida, porque el gusto facilita la digestión. ¡Saber saborear la comida, saberla sazonar bien, comer con gusto! ¡Cuántas personas hay que comen sin darse cuenta apenas de que están comiendo y sin saber qué comen! ¡Y después se quejan de que la digestión es pesada! Si estas personas se centraran en el acto de comer y comieran atentas, bien conscientes de lo que están haciendo, en un estado afectivo alegre, optimista, harían la digestión con mucha mayor rapidez y la comida les nutriría mucho más, pues la asimilarían mejor.

De entrada no podemos aconsejar a nadie que se limite a un régimen exclusivamente vegetal, como se hace en algunos libros de Yoga. Esto puede ser de absoluta necesidad para quien practica Yoga de modo total y exclusivo, pero en principio no lo creo necesario, ni sé que las investigaciones dietéticas hayan llegado a una conclusión clara en este sentido: no estimo que sea mejor un régimen de alimentación exclusivamente vegetariana que un régimen mixto. Por tanto me parece que nadie debe preocuparse demasiado por ello. Lo principal es que aprenda a comer moderadamente, con alegría y a distinguir los alimentos. Vigilar cómo le sientan, cómo afectan a su organismo.

También, respecto de la comida, hemos de decir que nunca debe ponerse uno a comer estando muy tenso, porque el aparato digestivo no está entonces preparado para poder digerir. Conviene siempre descansar antes un poco, pasear, o hacer algo que distraiga, que distienda. Por eso aconsejo a las personas que sufren un mal crónico de estómago que hagan una pequeña sesión de relajación antes de la comida, en lugar de echarse después para la clásica siesta, como suele aconsejarse, o además de ella, si se puede y cuesta dejarla.

El ejercicio de relajación lo describimos con todo detalle al final de estas consideraciones indicando sus principales efectos, porque es una de las prácticas fundamentales del Hatha-Yoga.

Con la relajación antes de la comida el aparato digestivo se preparará todo él mejor para comer y digerir bien, pudiéndose constatar que la digestión se efectúa entonces de un modo excelente, sin necesidad de la clásica siesta. Con diez minutos antes de comer hay tiempo suficiente para este trabajo de preparación. Si la persona está muy preocupada mentalmente, mejor que la relajación física, o combinándola con ella podría hacer un poco de oración, en la que esta tensión se aflojase mediante la actividad afectiva. O incluso dando un paseo o con otra actividad física que le apeteciera y ayudara a descargar su estado de tensión; o tal vez relajación, oración y paseo, las tres cosas combinadas.

Si se va a dormir en seguida, cuanto menos se coma mejor. Muchas veces comemos puramente por hábito, no por necesidad orgánica.

La bebida

Podemos hablar también de la bebida. Es nefasta la costumbre tan extendida de beber alcohol constantemente, pues produce una habituación tan fuerte en el organismo, que se hace insensible -tanto más peligrosa-, y aunque de momento parece que estimula el estado de ánimo, a la larga va agotando las facultades y disminuyendo la capacidad de rendimiento. Esto es fatal sobre todo para quien se toma el objetivo de la vida en serio, porque automáticamente se va incapacitando para realizarlo.

El objetivo de la vida está en la línea de una plena lucidez, y por lo tanto lo que tiende a embotar es evidente que va en contra de él. Aconsejaría ir eliminando en lo posible estas necesidades tan artificiales de beber constantemente alcohol en cualquier forma que sea. Hablo del alcohol fuera de las horas de comida, de los vermuts, coktails, whiskys, etc., no del vino en la comida. Aunque se ha de entender bien claro que no voy en contra del alcohol en sí, por principio, sino de la práctica abusiva que se hace de él, porque está comprobado que a la larga redunda en la disminución de las facultades psíquicas y corporales y porque condiciona a seguir tomando y aumentar sucesivamente las dosis. Por eso es tan nefasto este vicio que se va introduciendo bajo la excusa de cumplir con las normas sociales. Pero todo ello sin que queramos imponer prohibiciones absolutas, con espíritu de libertad que es el que inspira el Yoga.

La vida sexual

Una vez más hay que distinguir: cuando uno se consagra en cuerpo y alma al Yoga, se aconseja una continencia, si no absoluta, sí lo más estricta posible. Pero cuando una persona practica Yoga dentro de un ritmo de vida activo, entonces la vida sexual no está contraindicada. Se ha de ver bien claro que lo sexual es una función orgánica natural, sana, excelente. Se ha convertido en tabú por varias razones, algunas de ellas plenamente justificadas. Y eso ha dado lugar a que, si bien para muchas personas constituye una prohibición casi de tipo mágico, para otras ha venido a ser un medio abusivo de cerrarse en un círculo de satisfacciones morbosas del que no pueden salir.

La función sexual es sana en la medida en que es expresión de una necesidad real orgánica. En este sentido la persona que está casada y lleva una vida conyugal normal no ha de tener ningún gran problema. Lo fundamental, desde el punto de vista del Yoga, tal como yo lo entiendo, es que la sexualidad no se utilice nunca como medio de compensación de nada. Si se hace uso de la sexualidad como necesidad orgánica natural, no ha de haber prevención o miedo respecto a su posible contraindicación para la salud, aparte de factores morales que dependen ya de la formación o de las obligaciones morales de cada persona. Pero aquí hablamos ahora desde el punto de vista higiénico, y queremos dejar bien entendido que el ejercicio normal de la función sexual, siempre que responda a verdaderas necesidades orgánicas, no perjudica para nada de suyo a la salud.

Conviene también añadir que, a pesar de lo dicho, la tendencia general de la persona ha de ser controlar un poco este impulso, porque, como ocurre con todas las funciones naturales que van acompañadas de placer, cuanto más se ejercita más se desarrolla, y de la misma manera que muchas personas han empezado a comer por necesidad, por hambre diríamos natural y luego el placer que han experimentado las ha inducido al exceso, convirtiendo el apetito en gula; algo muy parecido ocurre también, o puede ocurrir, con lo sexual. Hay una tendencia a exagerar, a apoyarse exclusivamente en el placer, que llega a convertirse en centro y fin. Pero no ha de ser así, y por eso conviene establecer un control.

A algunos puede quizás preocuparles cómo conseguir esta actitud de control. No es nada difícil a condición de que la persona esté entregada con auténtico interés a vivir. Si uno aprende a poner interés en las personas, en las cosas que hace, en sus obligaciones, en su vida espiritual, es decir, en todas las facetas de la vida, tanto internas como externas, si vive todo esto con interés, con entusiasmo, que no se preocupe, pues la sexualidad no se saldrá de su cauce natural. Pero cuando nuestra vida queda coartada, artificialmente condicionada en una de esas direcciones o en varias de ellas, entonces esta capacidad, este impulso de proyección, de entusiasmo no encuentra salida por los niveles superiores, y sigue el camino más fácil de lo inferior, que es lo sexual, la comida o la bebida.

Al decir que no encuentra salida nos referimos, por ejemplo, a no trabajar con entusiasmo, a no dedicarse a algo en que poder proyectar los propios valores. Ocurre a personas que viven una vida rutinaria, encerradas en su despacho, con un trabajo que no les gusta en absoluto, conviviendo con otras personas con las que no se compenetran, dentro de un círculo en el que todos o casi todos son factores desagradables. Estas personas no pueden dar salida a su vitalidad, se van cargando y entonces es natural que necesiten buscar de un modo u otro un desahogo, que será lo sexual, la bebida o un apasionamiento de cualquier clase.

Pero si esas mismas personas encuentran un modo de abrirse camino por medio de alguna actividad de tipo superior, en la que se hallan a sí mismas, dedicándose a un quehacer creador, si puede ser dentro de su mismo trabajo ordinario, o si no consagrándose aparte al estudio, a la investigación o incluso al trabajo manual -pero un trabajo manual que no sirva sólo para matar el tiempo, sino para crear algo por propia iniciativa,- por propio gusto entonces pueden vivir bien sin experimentar la necesidad de entregarse a abusos viciosos sexuales, etc.

No hablamos ahora de sublimar la potencia sexual. Nos limitamos a afirmar que cuando una persona normal expresa de un modo completo su naturaleza, sobre todo si lo hace a través de sus facultades superiores, entonces su vida sexual se mantiene sin dificultad en su sitio.

Puede ocurrir, no obstante, que una persona se encuentre en circunstancias especiales que la sitúen al margen del uso normal de la función sexual, sea por su formación religiosa o por su estado de vida, y en este caso le convenga o tenga la obligación de practicar una abstinencia sexual absoluta. A esta persona le viene aún mejor el aprender a entregarse en cuerpo y alma a algo superior, para que su energía sexual no sólo no se desmande, sino que se absorba íntegramente en su psiquismo en un proceso de sublimación. Le ayudará una vida consagrada sin reservas a Dios y además al bien de los otros, en la que gaste el remanente de energías que no consume por su cauce natural. También le ayudarán poderosamente a esta continencia la práctica perseverante de las posturas o asanas que damos más adelante, en especial el sarvangasana, el shirshasana y el siddhasana.

El contacto con la Naturaleza

Hay otras cosas en el Yoga físico, que parecen sin sentido o insignificantes, pero que son importantes. Por ejemplo, creo que hoy día nos hemos alejado enormemente del placer de oler la Naturaleza; ya no entramos apenas en contacto directo con la Naturaleza. Estamos tan encerrados en las ciudades, siempre entre los mismos horizontes -paredes, casas, calles- que hemos ido limitando nuestro límite de visibilidad física y con él, sin darnos cuenta, también de visibilidad mental.

Por eso insisto en lo bueno y sano que es volver a la Naturaleza y en la necesidad que tenemos de hacerlo con la mayor frecuencia posible, abriéndonos del todo a ella, y gustando con fruición de todas las cosas espontáneas y bellas que tiene. El que tenga un medio de desplazamiento que aproveche para ir siempre que sea posible a parajes de horizontes amplios, para ponerse en contacto con la Naturaleza y respirar el aire puro. Es una cosa excelente para el cuerpo y para el espíritu.

El uso del tabaco

La costumbre de fumar no se opone al Yoga; no obstante, bueno es no hacerlo o fumar poco. El que quiera dejar la costumbre de fumar, lo conseguirá siguiendo estas normas:

- En primer lugar, ver claramente si quiere o no quiere hacerlo, si se decide sinceramente a luchar contra la costumbre del tabaco. Pues esta postura inicial es decisiva.
- Segundo, entregarse con entusiasmo de un modo permanente y seguido a un trabajo de tipo creador, una afición, etc., donde ponga en acción lo mejor de sí mismo.
- Y tercero que practique de un modo sistemático la respiración integral, y aprenda a saborear los olores buenos, agradables que hay en la Naturaleza. Cuanto más gusto encuentre en el hecho de respirar los olores naturales, menos esfuerzo le costará alejarse del tabaco. La respiración completa es de gran efecto, porque el tabaco produce una inhibición de los centros respiratorios, y cuando se hacen funcionar de un modo pleno los órganos de la respiración, correlativamente se induce un rechazo, una repulsión hacia el tabaco. Más adelante describimos cómo se practica esta clase de respiración.
Así pues, ejercitando la respiración completa y particularmente adoptando la actitud personal de entusiasmo hacia intereses superiores, se experimentará que va desapareciendo por sí sola la necesidad de fumar.

La relajación muscular habitual

El Yoga nos avisa también sobre la importancia que tiene el aprender a mantener durante el día un tono muscular correcto, sano. Hemos de evitar ese estado de crispación que normalmente mantenemos cuando vamos de un sitio a otro, cuando esperamos a alguien, cuando estamos pensando, preocupados. Aprender a practicar un control permanente sobre nosotros mismos para no estar más tensos de lo necesario. La tensión es necesaria para la acción, pero cuando hay tensión sin acción el perjuicio es evidente. Por tanto aprendamos a estar tensos justamente lo necesario para la acción inmediata. Si no hacemos nada, no tenemos por qué estar tensos, ni apretar los brazos, ni el abdomen, ni la cabeza. Un control permanente sobre nuestra compostura, no en el sentido de ser personas educadas, sino en el de no consumir energía que nos restará fuerzas para hacer otras cosas. Siempre que nos demos cuenta, relajémonos, aflojemos lo que estamos apretando artificialmente. A veces nos costará. Si respiramos con un poco más de amplitud veremos que nos sale solo.

Si estamos pensando en lo que tenemos que decir cuando nos entrevistemos con determinada persona, está bien que pensemos, pero como no lo hacemos con las piernas ni con las manos, relajémoslas. Como diremos más adelante al hablar de la mente, tengamos actitud de control sobre nosotros mismos. Es muy frecuente que cuando no tenemos nada que hacer nos sentemos y nos entreguemos a divagar con el pensamiento de un lado a otro. La divagación pasiva, dejándonos llevar semiinconscientemente, siempre es perjudicial. Podemos dedicarnos a pensar, a imaginar, pero este pensar y este imaginar ha de ser siempre de un modo activo, de un modo controlado. Si lo que uno quiere es dejar que las ideas fluyan del inconsciente, estupendo; pero entonces debe hacerse de un modo completo, que todo uno quede receptivo, consciente, dejando hacer a su imaginación, pero estando atento para ver las combinaciones, las sugerencias que brotan de los datos almacenados en el inconsciente. Cuanto más consciente y más completa sea su actitud de receptividad, más rápido será el proceso psíquico que hace surgir la respuesta correcta y más reforzará su capacidad mental de control. De otra manera la divagación afloja y debilita enormemente nuestra mente, y supone no sólo una disminución de nuestra capacidad de control, sino además una pérdida efectiva de energía.

Diremos de paso que la persona que aprende a estar atenta y despierta descubre que su organismo físico tiene una inteligencia y un valor, y esta actitud de descubrimiento le capacita para poder sentir con mayor frecuencia que antes las cosas que necesita para que su organismo funcione bien, es decir, se hace más consciente de sus instintos naturales y de los recursos de su naturaleza. No se trata sólo de detalles, como por ejemplo, cuando uno está en una corriente de aire respirar de un modo más profundo y evitar así el resfriado, o cuando está descansando notar los primeros síntomas de frío, sino que el estar atento y conectado con el sector mental de nuestro instinto en todos los momentos de la vida hace que uno capte constantemente lo que necesita. Unas veces será un descanso, otras una dieta, o un tipo determinado de ejercicio físico. Nos ahorraremos muchas visitas al médico por el solo hecho de prestar un poco de atención y tener un poco de respeto a la voz de nuestro organismo a través de su mente instintiva.
Aprendamos a sentir, a estar atentos, a escuchar con interés y respeto lo que nuestro organismo nos pueda decir acerca de sus necesidades y precisamente por boca de ellas mismas.


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